Santos Bregaña

Todo un gusto que nos visita el célebre entomólogo del diseño culinari0. Seguimos con atención el aleteo que  dibuja al volar por su trabajo de diseño.

Funda en 1996 en San Sebastián  junto a Anne Guridi el estudio de Diseño LAIA. Se encarga entre otros proyectos del montaje de exposiciones y catálogos (“Bestiarium Gastronomicae”, “Florencio Mocoroa”), de la editorial Tábula (Bacalao, 35mm, La Botánica del deseo”…), del montaje teatral “Seda” de Alessandro Barico con Hika Teatroa, de la revista periódica SIC, así como de numerosos trabajos de identidad visual corporativa, muchos de ellos relacionados con el mundo de la gastronomía (Mugaritz, pastelería Dolç,  Bodegas Ysios, restaurante Kursaal…)

En su visita a nuestros estudiantes del Ciclo de Diseño Gráfico el 2 de Abril, centró su charla en la labor que durante más de una década lleva realizando para el cocinero Andoni Luis Adúriz y por la que LAIA acaba de recibir el premio Sphere del Art Directors Studio de Nueva York en 2008 al trabajo para un único cliente.

DISEÑAR ES PECADO

En la vida, en los ritos de paso (nacimiento, matrimonio, muerte…), se dan momentos propicios para el láudano y lo laudatorio.

Láudano y laudatorio son palabras engañosamente hermanas en su homofonía pues tienen raíz diferente, pero su paranomasia me da pie a mi, tan querido y conocido por vosotros, juego de asociaciones.

El láudano, del griego ladanon, goma de la jara o del árabe alauda,  reblandecer, macerar, (dos opiniones divergentes de los filólogos) es una tintura alcohólica, mixtura de vino, azafrán, clavo, canela y opio. Fue preparada por primera vez por el alquimista y médico del siglo XVI Paracelso, precursor de la homeopatía y apóstol de las semejanzas (“lo parejo cura lo parejo”) así como de recreaciones muy de su tiempo al atribuir la génesis de los cuatro elementos (tierra, agua, aire y fuego) a criaturas fantásticas (gnomos, nereidas, silfos y salamandras). Asoció también los cuatro sabores a los cuatro temperamentos, tocándole al sabor salado el temperamento dicharachero, afirmación que en este lugar queda absolutamente carente de credibilidad (decir de la alumna Miriam Salado que es dicharachera es serio desvarío. Miriam tiene por particular característica en clase el hermetismo).

El láudano se usaba para reducir cualquier dolor, desde la caída de dientes de un niño a los producidos por las enfermedades terminales gracias a su poderoso principio activo: la morfina. Remedio instalado como Jano en la puerta de entrada y en la de salida, fue el más importante medicamento de la farmacopea en siglos.

Tiene igualmente lo laudatorio similares efectos sedantes (se dice de los halagos que adormecen) como bien podemos comprobar en la sección de necrológicas. Las necrológicas son un subproducto literario que se nutre fundamentalmente de la loa. Yo soy aficionado a ellas, no por un afán morboso sino porque bajo la apariencia de su orgía panegírica conservan una rigurosa estructura formal favorecida por una biografía ya cerrada y resuelta por la muerte, un aroma de “obra completa”, que favorece su clara organización en tres partes: exordio, demostratio y epílogo.

Queda la refutación expresamente apartada ¡fuera disidentes! (no es el momento con el finado aún de cuerpo presente). Es pues esquema muy útil para actos como este, no ya necrológico sino biológico, que ahora nos ocupa.

EXORDIO

En el exordio se justifica el acto. Y este acto se sostiene en la idea de que uno de los principales ingredientes de la educación debería de ser la emulación. En la educación (de ducere: encaminar, conducir), el agogós ( el que conduce), lleva por la senda del conocimiento al aprendiz (paidós) seducido, hechizado y provocando en él un anhelo de repetición, de copia. ¿Quién no ha tenido endiosadas a figuras que le han servido de modelo de perfección? Todos desde niños aprendemos emulando.

DEMOSTRATIO

Es la demostratio el relato de las virtudes del modelo. Santos Bregaña en este caso. En las necrológicas, en la Oratio Finus, la demostratio, dentro del comedimiento del momento, se deben de hacer patentes pasajes importantes como homenaje a la persona fallecida tales como su infancia y antecedentes familiares, educación y formación, matrimonios y  vida doméstica, hitos de su carrera profesional… Aquí suele aprovechar el glosador para meter alguna cuña que una su biografía a la del ensalzado. Todo con un afán ejemplarizante y de despedida. Sería deseable aquí que lo encomiástico conjugase los valores sedativos del láudano con principios estimulantes naturales que en nuestra botica particular son los visuales (ya llega el PowerPoint).

Pero antes quiero hacer aquí una digresión para volver a Paracelso y sus criaturas fantásticas.

Esto que hasta ahora expongo es literatura y como tal letras y sonidos. Los sonidos se difunden por el aire y pertenecían desde antiguo al reino de los silfos. Muchos términos aplicables a lo literario hacen hincapié en ese marcado medio etéreo (pluma, eco, vuelo, resonancia, memoria…). De un literato diríamos como de un cazador de mariposas: ¡Que bien atrapó el espíritu de su época!

Las imágenes que a continuación voy a mostrar pertenecerían a otro orden. El acuoso. O a un medio anfibio entre palabra e imagen. Esta cualidad anfibológica es por cierto también característica del mundo del Diseño. Las imágenes pertenecen al reino del agua y de las ninfas seguramente por ser captadas mediante el ojo y ser este un órgano lacrimoso. Asociamos  así las imágenes al reflejo, al espejismo, a lo cristalino, a la plasticidad, a la transparencia, al fluir y al tiempo…

De un pintor diríamos: ¡ Cómo supo reflejar el momento!

Curiosamente imago y ninfa son estadios del desarrollo de los insectos mientras que  espejismo o trampantojo guardan relación con los heterónimos pessoanos,  temas cuya relación al caso ahora veremos.

Recuerdo a  Santos entre los vapores whaitespíricos del taller de serigrafía de Arteleku a finales de los 80 enfrascado en el tiraje de pantallas que representaban insectos. En el hall de entrada un cuadro  de Bonifacio con análogo tema nos saludaba cada día. Santos según me enteré, era por familia aficionado a la entomología y a los bichos en general (1). Su interés  lo retenía allí a tiempo parcial. El resto lo empleaba en el Vía Crucis que era entonces la carrera de Arquitectura (2) y hay aquí  otro cruce de imágenes parejas. El Cristo crucificado y el coleóptero alfiletado en su caja. Santos, quizás por un tema de universal justicia equilibradora, por haber infligido tanto sufrimiento a aquellas criaturas formolizadas, no pudo terminar sus estudios de Arquitectura y, a falta de tres asignaturas, abandonó procesión y profesión. La Arquitectura se lo pierde. 

Creo que de todo aquel calvario le quedó una fina curiosidad de naturalista, pasada por el rigor del prisma polifacetado del arquitecto (entre arte y ciencia), cosas,  que unidas a esa su personal tendencia a la elegancia (Santos siempre ha sido por naturaleza un dandy, un exquisito) lo predisponían a entramparse en el mundo del Diseño.

Lo hizo como colaborador del estudio Artimaña que una pareja de elefantiásicos catalanes (3) habían creado por entonces en Donostia. De la dieta hipocalórica  de aquel tándem queda el que durante años  alimentasen (y se alimentasen) unos carteles para el Festival de Cine de San Sebastián modélicos y rompedores en ciudad provinciana. Tal vez el trabajo de Santos como diseñador, tan relacionado como veremos con el mundo de la gastronomía puntera (Mugaritz, Subijana, Martín Berasategui…) tenga reminiscencias de aquel fast food creacional.

Ya por libre funda hace trece años con Anne Ibáñez Guridi el estudio de Diseño Laia (4). En el propio nombre del estudio o en la revista trimestral SIC (acrónimo de sensibilidad, inteligencia y cultura) que publican con formato de periódico de club aristocrático inglés (¡que riqueza de márgenes blancos!), tenemos una muestra del gusto de Santos por la dualidad, por lo gemelo, por lo heterónimo (5) (véase la portada del octopus) (6). ¡Que nos explique sino quien es Deunor, como ve a Madarasz (7,8,9), quien es el Mocoroa de la foto! (10,11,12). Pero, como todo aquel que busca camuflarse en el reflejo busca a la postre esconderse, tal vez no le apetezca aquí desvelarse.

Unido a lo anterior, y por lo que he podido entrever en conversaciones en su estudio, Santos maneja otras dos herramientas nada habituales hoy. Razón y paciencia. La razón, nacida del análisis y de la experiencia le lleva a afirmar algo tan contundente e impropio como el decir “el cliente nunca tiene la razón”. Para superar el axioma anterior y hacer de su profesión algo pecuniario, Santos recurre a la paciencia. Así, mediante el lento convencimiento, como el maceramiento del láudano, consigue hacer “entrar en razón” a su (iba a decir paciente), a su cliente. Yo he sido testigo de con cuanta infinita tolerancia  y  decoro atendió delante de mío una de esas irritantes  e inoportunas llamadas de Movistar con telefonista sudamericana ofreciendo paquete.

Del otro lado de los mares han venido también noticias más gratificantes como la concesión del premio del Art Directors Club de Nueva York ahora hace justamente un año por la labor del estudio Laia para el cocinero Andoni Luis Adúriz. (13)

He aquí la radiografía completada, el paño para vestir al santo: observador, exacto, elegante, juicioso, psicólogo, sosegado y laureado. (14)

¡Más que radiografía me ha salido una hagiografía!.

Queda por desvelar para terminar esta demostratio un último e íntimo secreto. Sé, de muy buena tinta, que a día de hoy en el frigorífico de Santos sigue habiendo más cajas de insectos coleccionados que yogures.

 EPÍLOGO

Dejo el epílogo para Santos aprovechando lo falsario de esta necrológica y puesto que la buena salud del “difunto” lo permite.

Decir tan sólo que todo epílogo es apoteosis, traca final, desenfreno. Afrodisíaco, Pánico, Venusiano, Dionisíaco. Por ello desde siempre todo lo lujurioso ha sido condenado por pecado. Preparémonos pues a pecar, queridos hermanos. Pecado mortal, por partida doble  y sin esperanza  de perdón ya que este lujo y este epílogo van a venir con el agravante en este caso, y mira que lo hemos avisado, traídos de la mano de un Santo…

Y recordad que, tras la experiencia del ángel caído, sólo nos quedará el intento de la salvación a través de la penitencia. Que sea nuestro propósito de enmienda un voto por la  emulación. Que lo que ahora vamos a ver en la obra de Santos nos salve de la condena a la Vulgaridad y nos sirva para ser a nuestra vez modelos de futuros ángeles caídos. De un vilano, mil milanos. Diseñar es pecado.

                                                                                      San Sebastián  7 de Mayo 2009.

                                                                                                                    Juan Azpeitia